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Mostrando las entradas etiquetadas como Cúrcuma

Seda y de cómo los viajes son más que un ida y vuelta…la hora de las magas

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  Esta es una historia de amor. No, me corrijo. Son tres historias de amor. Pero no solamente eso. Seda es una historia de amor que nunca llegará a ser y es por eso que uno queda flotando como un pájaro en el aire. Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca Dice Hervé   Joncour   Alessandro Baricco, “Seda” Seda nos deja imaginar exploradores que atraviesan mundos, esos viajeros tan aventureros como contrabandistas con audacias y cansancios infinitos de tanto andar. Al igual que un cuento maravilloso, su autor nos seduce en cada viaje con una misma fórmula con pequeñas variantes, un juego con el lector que va recitando o tal vez cantando los kilómetros precisos y la exactitud de los días, las fronteras, Europa y los trenes de vapor, las cabalgatas y la estepa rusa, Siberia y los Urales, lagos misteriosos, ríos que llenan los océanos, puertos y esperas, barcos y costas, cielos y caminos que recorren bosques. Hasta llegar a Japón o al fin del mundo. Para comp...

Renaceré en domingo, Kundera se queda conmigo

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Antes de ayer murió Milán Kundera, uno de mis escritores preferidos, de esos que me volaron la cabeza, de esos que me enseñaron a pensar, a ser, a entender la historia del país de mis abuelos. Leí “El Libro de los Amores Ridículos” en los ‘90s, la edición tenía en la portada una pintura diminuta de Pablo Picasso, “Mujer con medias verdes” y me acuerdo del flash que tuve ese año con todas las transgresiones recibidas. El único capaz de entenderme era el tío Guillermo que había vivido en la antigua Checoslovaquia y con el que me podía permitir el divague largo y tendido. Ni hablar cuando leí "La Insoportable Levedad del Ser", una historia de amor tremendamente profunda que me llenó de contradicciones y por primera vez tuve una reflexión si se quiere filosófica de mi existencia. Kundera me dejó pensar sola, hablar conmigo misma, sentir el peso insoportable de mi propia levedad. Conocí por esas épocas mis propias definiciones, cuánto arriesgo, cuánto puedo ser libre para que no m...