De puertas e inmigrantes, mis abuelos. Libre de pecado
Esta es la puerta de entrada de la casa de mis abuelos y que después fuera de mi madre y más tarde mía porque allí nací. Dejé a la vista los blancos que pintó mi mamá y los grises más viejos que marcan una geografía desconocida, mapas que señalan los mares heredados. El roble más abajo lleva en su cuerpo la huella oculta de olores, sabores y sonidos y el eco aun ardiente de historias imprecisas. Un día, mi mamá decidió vender la casa de sus padres. La compraron mi mejor amiga Viqui y su esposo Seba. Fue ella quién descolgó esta puerta de entrada, la puerta de mi cuarto, una viga de pinotea, y varias persianas de las ventanas; embaló y envío a mi casa, al sur. Y en mi casa se convirtieron en objetos de valor. Están en mi jardín y en el local, abriéndome, habitándome. Mis abuelos llegaron de la antigua Checoslovakia, el 18 de abril de 1931. Fue en esa oleada de inmigrantes obstinados en celebrar la vida, que desembarcaron, tenaces y convencidos en un sol que siga saliendo y en ...