Recordaré tu boca. Ceylón en Chos Malal


El norte neuquino es de una belleza increíble a la que se suma la sencillez del gesto amable de su gente. Todo es profundo porque se ve desde alturas: desde la vastedad del paisaje a la inmensidad de la palabra que hace rodar historias infinitas. De paso por la que fuera la primera capital del Territorio del Neuquén, Chos Malal, visité un almacén de ramos generales devenido en museo. 

Mientras sacaba estas fotos me contaban de la importancia de este lugar por el 1900, cuando fuera paso de cuatreros y contrabandistas, - Porque vió qué cerca que estamos de la frontera. – Acá no muy lejos se desbarató al ejército de los hermanos Pincheira. Ostentaba una posición geográfica estratégica en la confluencia de los ríos Neuquén y Curí Leuvú. Pero no duró mucho la capitanía ya que fue cambiada prontamente por la ciudad de Neuquén en otra confluencia, la de los ríos Limay y Neuquén, que convinieron que era aún más estratégica. 

Allí en el almacén museo descubrí este cartel enlozado, Té Superior de Ceilán Santa Rosa el mejor del mundo, que para 1900 era todo un lujo. Todo, de verdad todo: el té (piensen lo lejos que está Ceilán de Chos Malal, en km y en tiempo de viaje) y la oportuna y bella publicidad puesta en ese cartel. Inauguré el eslogan: “Los objetos que quedan nos dicen cosas”, es decir, nos cuentan muchas historias.




Cartel enlozado, pieza del museo del Almacén de Ramos Generales de Chos Malal
Circa 1906




Pavas enlozadas, damajuanas, patentes de vehículos, ollas, faroles




Barriles, botellas y botellones




Latas de yerba , tés, caramelos

Acá se vienen las historias paralelas en el tiempo:

Tan sólo unos 3 años antes de la fundación de Chos Malal, en el viejo mundo, tendría lugar un fabuloso lanzamiento del producto, té de Ceilán, a todo rabiar, que hoy denominaríamos tremendo marketing:

-En 1884 el té de Ceilán se presentaba en las ferias agrarias en Londres.

-En 1891 las familias nobles, de corona, de todo Europa recibían un cofrecito con té de Ceilán acompañado con un álbum de fotos.

-En 1900 se presentaba en una Exposición en París…

Pero antes tengo que contar que Ceilán, Ceylán o Ceylon fue llamada así por sus colonizadores: primero, portugueses; segundo, holandeses y tercero, ingleses.  En 1948 se independizó de éstos, pero recién en 1972 cambió su nombre por Sri Lanka. Y es la isla con canelos y cardamomos autóctonos que está al sureste de India (la lágrima de India) y que claramente tiene una posición estratégica para el comercio marítimo.

En el Museo del Té, cerca de Kandy, en el corazón de Sri Lanka, última capital de los reyes, también se encuentra un objeto que nos cuenta cosas. “A plate used by him/Un plato usado por él”, dice un cartel. Él es el héroe de la isla. Es James Taylor, un escocés que con tan sólo 16 años comenzó a trabajar la tierra y reconvertir las plantaciones de café (que habían sufrido una plaga) por plantaciones de té. Sabía hacerlo, aprendió en Assam, y el clima y la altura fueron perfectos. Supo secarlo y elaborarlo. Envió el té a la subasta de Londres en 1873, que encantó, se vendió todo y a partir de allí no dejaron milímetro de isla sin plantar ni kilo de té sin vender. Amado aún hoy, por la cantidad de mano de obra por contratos que otorgó y por el impulso marketinero que conté en párrafo anterior, y por supuesto por el alza en las ganancias económicas que no tenían comparación con ninguna otra colonia. Y semejante amor, por supuesto, es insostenible por los poderosos que en breve lo trataron de expulsar, dejándolo pobre y enfermo. Murió resistiendo, convertido en héroe nacional.

El té que hoy sale de la isla tiene que reunir determinadas características y un estricto control de calidad para salir con la estampilla del León, que aprueba que es de Ceylón puro. Dice de qué fábrica proviene, y la altura de la plantación: alta 1200 a 2000 m, media 600 a 1200 m o baja 450 a 600 m. Y cada uno tiene sus virtudes.




La Cordillera del Viento
Volcán Domuyo
Neuquén - Argentina

¿Qué tipo de té habrá llegado a Chos Malal? Seguro aromático, negro, de hebras largas, color oscuro. ¿Se tomaba con leche, con azúcar? ¿Qué mesas habrá engalanado? En Sri Lanka, el thay (té) es tan fuerte y concentrado su sabor, que antes de tomar un sorbo hacen un lametón de azúcar de la palma de la mano. En la época de monzones, de viento y lluvias torrenciales, las cosechadoras de té, todas mujeres, tienen un descanso. Similar pausa al que deben hacer los arrieros de ovejas, todos hombres, durante el invierno que surca nuestra Cordillera del Viento, plena de nieve y vientos. Ese respiro que nos da la naturaleza nos devuelve la fuerza, el equilibrio, la memoria de la calma y la identidad. Nos recuerda siempre de dónde venimos. En esta calma se traman los relatos que hoy contamos, alrededor de una taza o un jarrito lleno de té. 

Mi escritorio tiene un blend con té de Ceylon, cascarilla de cacao, hojitas de menta, flores de manzanilla y un toque de vainilla en rama. Y lo llamé Recordaré tu boca. Este té es aromamor por excelencia. Sabortequiero. Puroplacer. Un recuerdo recorre mi cuerpo. El sabor de una tableta, de un cuadradito de chocolate finito relleno de crema de menta que se llamaba After Eight. Se vendía en un almacén de ramos generales. Este té es una invitación a apimpollarme, a acurrucarme en una taza de té, cerrar los ojos, evocar un recuerdo, reconocerlo, atraparlo, reconocerte, atraparte, recordarte y recordarme cómo era antes de aplastar ese chocolate mentolado con mi lengua, o antes de recorrer tu lengua por toda mi boca plagada de recuerdos. Reírte y seguir. Y sin embargo.




Para acompañar los viajes y las historias...
Rita Payes y Elisabeth Roma
Nunca vas a comprender






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